La
Prehistoria
Introducción
Conocemos con el nombre de Prehistoria
una larga etapa en la cual el poder de transformación
que el hombre ejerce sobre el medio ambiente no ha llegado aún
a generarle la necesidad de la escritura. Es por tanto el
factor económico el que marca el paso de la Prehistoria
a la Historia.
La Prehistoria se divide a grandes
rasgos en tres etapas: Paleolítico, Neolítico y Edad de Los
Metales. Estas divisiones, más que referencias temporales (sus
fechas variarán según al lugar al que nos refiramos), son indicativas
de diferentes formas de relación hombre-medio: éstas evolucionarán
desde sociedades que no intervienen en el proceso de producción,
sólo cazan o recolectan lo que el medio les ofrece (Paleolítico),
hacia formas incipientes del control de esos medios, iniciándose
la agricultura y la ganadería (Neolítico), hasta lo que se ha
denominado Revolución agrícola y urbana a causa del conocimiento
y dominio de los metales y sus aplicaciones a las tareas del
campo (Edad de los Metales). El proceso implica una continua
complejidad social que sienta las bases de la actual sociedad.
|
Periodo |
Cronología |
Homo |
| Sociedades
cazadoras y recolectoras |
Paleolítico
|
Inferior |
1.000.000
- 100.000 a.C. |
Erectus |
| Medio |
100.000
- 35.000 a.C. |
Neanderthal |
| Superior |
35.000
- 6.000 a.C. |
Sapiens
-Sapiens
|
Revolución
agrícola y urbana
Cultura almeriense: megalitos
Millares
Vaso campaniforme: Purchena
El Argar |
Neolítico |
VI
- IV milenio a.C. |
| Cobre
o Calcolítico |
final
IV mil. - III mil. a.C. |
| Bronce |
2.000
- 700 a.C. |
Poblamiento
Ibérico
La Muela del Ajo |
Hierro |
700
- 218 a.C. |
Sociedades
cazadoras, recolectoras y carroñeras: el Paleolítico 
Durante el Paleolítico la
economía del hombre era depredadora. Ello iba frecuentemente
acompañado del nomadismo (asentamientos no estables en
cuevas o en chozas) y de determinadas industrias que respondían
a sus necesidades en esa relación con el medio: industria lítica
(hachas, lanzas, puntas de flecha, raspadores...) que le permitía
cazar, pescar, quitar la piel a sus presas o descuartizarlas;
cestería, necesaria para la recolección de vegetales; industria
del hueso (agujas, punzones...) que le proporcionaba útiles
para coser las pieles de animales con que se vestían o fabricar
adornos para su cuerpo. Los grupos humanos son reducidos
y organizados en clanes: los jefes serán los individuos
más prestigiosos por sus conocimientos o habilidades para desenvolverse
en el medio que habitan.
Respecto al poblamiento en nuestra
comarca de esta época poco sabemos.
En la base de datos ARQUEOS,
de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la cueva
de La Almaceta aparece como yacimiento paleolítico y del bronce
y está catalogada como BIC (Bien de Interés Cultural).
El Grupo de Investigación "Ulises"
de la Universidad de Almería, en el año 93, visita los yacimientos
antes mencionados y, sólo encuentran registros arqueológicos correspondientes
a épocas posteriores. Sin embargo, sí encuentran, aunque sin contexto
preciso, algún hallazgo que indicaría la existencia de poblamiento
paleolítico.
Tendremos que esperar hasta nuevos
estudios para poder conocer mejor qué pasaba durante el Paleolítico
en el Alto Almanzora. Sin embargo, podemos intuir cómo vivían
los primeros pobladores de nuestra comarca por los estudios realizados
en yacimientos próximos a ella.
El medio y el modo de relacionarse
con él no fueron homogéneos a lo largo del Paleoítico.
Respecto al Paleolítico Inferior,
desde hace un millón de años hasta hace unos 100.000, los yacimientos
de Cúllar Baza I, de 750.000 años de antigüedad, o el de
la Solana del Zamborino, al norte de Guadix y más reciente,
ilustran como pudo ser la vida del Homo Erectus en un medio
muy similar y muy próximo al que nos ocupa. Las excavaciones parecen
confirmar que la obtención de carne de grandes animales procedía
más de una actividad carroñera que cazadora. Este sistema pondría
en entredicho la tradicional imagen del hombre paleolítico en
continuo nomadismo. Parece ser que esta forma de ocupación del
espacio convivió con otra de asentamientos estables o semiestables,
basados en el control de territorios donde se recolectan vegetales,
se practica la caza de pequeños animales y se compite con hienas
y buitres en el aprovechamiento de los restos dejados por los
grandes carnívoros. El paisaje que conocieron los habitantes de
Cúllar Baza I debía ser el apropiado para una estrategia oportunista
y carroñera: las bellotas del encinar se completaban con la
caza de crías de conejos, la recogida de huevos y pollos y la
adecuada localización de ciervos, caballos y bóvidos recientemente
muertos.
La caza cooperativa de grandes mamíferos
no llegó probablemente a ser dominada hasta hace unos 100.000
años por el hombre de Neanderthal, durante el Paleolítico
Medio. Este cambio pudo estar inducido por los cambios climáticos
iniciados hace 200.000 años. Si bien las glaciaciones no cubrieron
de hielo el suelo de la Península Ibérica (sólo en sus zonas más
elevadas), la sustitución cíclica del bosque mediterráneo por
otro menos abundante en frutos como pinares y abetales, impulsó
la puesta en práctica de pautas cada vez más basadas en la caza
de grandes animales (lo que implica la puesta en juego de
información a largo plazo en un extenso territorio). Todo ello
fue acompañado de un poderío tecnológico (armas para cazar)
y un uso intensivo y controlado del fuego. Es muy probable
que los neanderthales dominaran una técnica de crucial importancia:
la conservación de alimentos por ahumado, desecación o
por almacenamiento en tierra helada.
Hace unos 35.000 años se produjeron
profundos cambios en la economía de los cazadores-recolectores
reflejados en una mayor variedad de armas de caza y de utensilios
domésticos realizados, además, con mucha menos materia prima.
Es el principio del Paleolítico Superior y del Homo
Sapiens-Sapiens. A partir de este momento, se produce un notable
incremento de la densidad de población y un creciente procesamiento
de la información.
Sociedades
productoras: Neolítico, Cobre y Bronce 
La
Revolución Agrícola y Urbana 
Gradualmente el hombre aprende
a cultivar los campos y a domesticar a los animales: aparece la
agricultura y la ganadería. Se trata de la Revolución Agrícola
y Urbana, probablemente el cambio económico y social más importante
en la vida del hombre. Fue un lento proceso que se fue preparando
a lo largo del Neolítico y que tuvo su plasmación definitiva a
lo largo del III milenio a. C., en la Edad del Cobre, por
la introducción de un nuevo elemento tecnológico: el metal aplicado
al instrumental agrícola.
Un cambio tan profundo debió estar
causado por una interacción de cambios climáticos, aportaciones
culturales y agotamiento de ciertos recursos clave.
Hace unos 10.000 años se cierra, por ahora, el ciclo de las glaciaciones.
Se produjo una "brusca" elevación de las temperaturas
que permitió estrategias cada vez más basadas en la seguridad
y la predecibilidad: cada época tenía su propia cosecha.El hombre
pasó de basar su alimentación en la recolección y la caza de una
amplia variedad de especies a la creación de ecosistemas
mucho más simplificados, basados en unas pocas especies
animales y vegetales, centrados en parcelas bien delimitadas de
terreno que precisaban de considerables cantidades de trabajo.
El desarrollo de la agricultura y
de la ganadería fomentó el sedentarismo, construyéndose
los primeros poblados estables.
Al mismo tiempo, se desarrollaba
la división del trabajo. Mientras unos talan bosques con
sus hachas de piedra para luego sembrar y cultivar, otros construyen
viviendas, o hacen vasijas de cerámica o utensilios varios, o
defienden el poblado de animales salvajes o de los guerreros de
otros poblados.
Las industrias se diversifican
para responder a las nuevas necesidades: con piedra se fabrican
hoces, azadas, molinos..., en las vasijas de cerámica se almacenan
líquidos y grano, se inventa el torno de alfarero, la rueda, el
telar....
Con la naciente industria se desarrolla
el intercambio de los productos, es decir, el comercio.
Al aumentar la producción y existir
excedentes (producción que sobra después de consumir la
necesaria), algunos comenzaron a apropiárselos, con lo que apareció
la propiedad privada. Nacen así las clases sociales, base
de la sociedad actual.
La necesidad de regular los trabajos
agrícolas y de proteger a las comunidades exigió el nacimiento
del poder político, al haber unas personas encargadas de
la administración y otras de las tareas militares.
Por otro lado, el culto a los muertos
y a las fuerzas de la naturaleza propició la aparición de personas
encargadas de esas actividades, los sacerdotes, que eran
también sanadores y brujos.
Al ser la alimentación más variada
y segura aumentará la población. Como se ha encontrado
el modo de producir el sustento, los poblados crecerán. Por primera
vez se ponen en práctica técnicas de explotación de recursos
que rozan peligrosamente la capacidad de soporte de los ecosistemas.
Este nuevo modo de vida provocó frecuentemente la aparición de
puntos de degradación de los bosques en el entorno de los
yacimientos.
El proceso iniciado en el Neolítico
continúa y se amplía en la Edad de los Metales: se marcarán
más las desigualdades sociales dentro de los mismos poblados;
surgirá la división entre pueblos ricos, conocedores de las nuevas
tecnologías, y pobres; las redes comerciales se ampliarán y se
intensificarán, al igual que los poderes político, militar y religioso.
En esta época, en definitiva, se
asientan las bases del mundo actual.
La
relación con el medio: el control del agua y la degradación de
los bosques 
En España, el Levante, las montañas
del sureste y el valle del Guadalquivir fueron las primeras áreas
que desarrollaron el modelo de producción del neolítico.
El sudeste de la península Ibérica
es una zona catalogada como desértica. Los primeros agricultores
se enfrentaron a una región de relieve abrupto y lluvia muy
escasa, pero supieron crear un modelo de intensificación de
éxito notable, que además proporciona una pauta para entender
los procesos de largo plazo que han conducido al actual paisaje
de la llamada Iberia seca.
A lo largo de los nueve milenios
anteriores a la era cristiana, el clima en el sudeste fluctuó
entre períodos más secos y otros más húmedos. La respuesta
a esta aleatoriedad fue el surgimiento de incipientes sistemas
de regadío. El del Cerro de la Virgen, entre la Hoya
de Baza y la Sierra de Segura, es uno de los primeros testimonios
de canalización de aguas en la península Ibérica. La lucha contra
la escasez de agua disponible para pastos y cultivos es un tema
central en el sistema de producción agraria en España, y uno de
los ejes principales de su devenir histórico.
Durante las fases húmedas, la
población crecía sobre un sistema de campos ampliamente distribuidos
dedicados a los cereales de secano. Durante las fases secas,
la población se concentraba en las áreas regables, que eran
las que proporcionaban altos rendimientos relativamente a salvo
de la irregularidad de la lluvia, complementados con los bajos
rendimientos de campos de secano cada vez más extensos, situados
en las peores tierras de mayor pendiente. La ganadería aprovechaba
el tercer tipo de espacio: el monte, especialmente ralo
en estas comarcas y terriblemente fácil de alterar y destruir
por la presión ganadera.
A lo largo de cuatro milenios, la
tendencia de estas oscilaciones climáticas fue hacia un aumento
de la aridez. Las respuestas culturales a la misma se acentuaron
acompasadamente.
El sistema requería, y requiere todavía
hoy, un manejo y control estrecho del agua. La búsqueda
de la seguridad basada en el regadío implicó la aparición de un
nuevo elemento de riesgo: las catástrofes en forma de avenidas,
inundaciones y torrentes de barro que asolan periódicamente los
fértiles sectores de regadío y sus poblaciones anejas.
La aparición de los metales añade
un nuevo elemento más de degradación de nuestro paisaje. Los yacimientos
de cobre se explotaban mediante zanjas excavadas en la dura roca
mediante picos de piedra, y el metal se separaba de la ganga en
rudimentarios hornos de leña. El cobre era una materia prima de
la mayor importancia en la antigüedad, y su principal inconveniente,
la blandura, se solucionó pronto mediante su aleación con estaño
para producir el duro y resistente bronce. El manejo de los metales
implica un proceso minero e industrial que requiere cantidades
considerables de energía. La mayor parte de la energía procesada
provenía de la leña, que se quemaba en grandes cantidades,
no sólo para calentar los hogares y cocinar, sino
también para incipientes procesos industriales, como la fundición
de metal y la fabricación de cerámica
Hacia el 1.200 a.C. se sustituyó
la azada por el arado (un hombre con una azada puede remover
algo más de la centésima parte de una hectárea, a una profundidad
de unos 15 cm., en una jornada, lo que sopone unos 20 metros cúbicos
de tierra removida; en el mismo tiempo, dos mulas enganchadas
a un arado pueden trabajar casi media hectárea a mayor profundidad,
removiendo 800 metros cúbicos). La utilización del metal y del
ganado de tiro provocó la sustitución de la agricultura de pequeñas
parcelas mediante azadas por la imagen del labrador, roturando
anchas extensiones de tierra tras su arado y sus bueyes.
El
patrón de asentamiento 
Los yacimientos neolíticos hasta ahora documentados
de las comunidades agrícolas y ganaderas de la comarca parecen
responder a 3 pautas diferentes de asentamientos:
- Ladera norte de la Sierra de los Filabres:
pequeñas aldeas formadas por estructuras poco sólidas construidas
con entramados vegetales y barro. Se sitúan siguiendo la red
hidrográfica, junto a pequeñas vegas, o en zonas más altas desde
donde tienen mayor visibilidad. Probablemente, en estas aldeas
se viviese de la explotación de esas pequeñas vegas y de los
pastos y otros recursos de alta montaña. Según esto, podría
ser que se tratasen de pueblos de montaña permanentes o bien,
de ocupaciones estacionales entre la montaña y los asentamientos
del valle.
- Asentamientos situados en el valle, en
la confluencia de las ramblas con el Río Almanzora: son
de mayor tamaño y utilizan la piedra como material de construcción.
En ellos aparecen las primeras construcciones relacionadas con
enterramientos. Se sitúan en mesetas de escasa altura junto
a suelos fértiles.
- Vertiente Sur de la Sierra de las Estancias:
mayor número de pequeños asentamientos ubicados en lugares con
control visual junto con otros de mayor tamaño y escasos en
número situados en zonas más llanas.
A lo largo del II milenio a.C. se produce
una reorganización de los asentamientos caracterizada por una
mayor distancia entre los núcleos y la homogeneidad y nuclearización
del poblamiento, así como la frecuentación de cuevas que
podrían estar relacionadas con el pastoreo. En el valle se abandonan
las mesetas inmediatas al río, salvo algún caso aislado; en las
sierras los asentamientos se localizan en lugares de difícil acceso,
sobre todo en la de los Filabres, mas escarpada que la de las
Estancias. El uso de la piedra se generaliza.
Los
primeros enterramientos 
Las primeras estructuras de enterramientos
se localizan en una zona del valle en la que se da una concentración
de yacimientos entre Rambla Salada y la Rambla de Somontín,
en los términos municipales de Purchena, Urrácal y Somontín.
Se localizan sobre mesetas limitadas por ramblas, a una altura
de 30 m. sobre las mismas, y muy cercanas a su desembocadura
en el río principal.
Se les conoce con el nombre de "grupo
de Purchena" y arrancan muchos de ellos desde el Neolítico
prolongándose hasta el Cobre. Hay que enmarcarlos dentro de
lo que se ha llamado "Cultura de Almería",
caracterizada por cerámicas lisas (que en algunos puntos imita
los recipientes de cuero), hachas pulimentadas, útiles de sílex
y cobre e ídolos bitriangulares ("mujeres almerienses").
Los enterramientos, por su parte, eran circulares
y de tipo colectivo. La cultura almeriense llegaría a
fundirse con las culturas propias de la Edad de los Metales:
Los Millares, el Vaso campaniforme y El Argar.
Los Leisner fueron los primeros en documentarlos
en su libro Die Megalithgräber der Iberischen Halbinsel (Berlín,
1943). Ellos citan como monumentos megalíticos los siguientes:
 |
En la zona
de Purchena- Urrácal - Somontín, los del Llano de los
Turuletes, Llano de la Lámpara, Jocalla, Buena Arena, Loma
del Fas, Loma Blanca, la Atalaya y Llano del Jautón.
|
 |
En Tíjola,
un ídolo procedente de un sepulcro megalítico.
|
 |
En Serón,
el Marchal.
|
A esta lista hay que añadir el sepulcro
megalítico de la Ermita de Cela documentado por Pellicer
y Acosta:
PELLICER Y
ACOSTA: Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle
del Almanzora (Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de
Salamanca, 1974. pp. 167-168.
"Tenemos
que los diez vasos y tres azuelas de la Ermita de Cela corresponden
a parte del ajuar funerario de un sepulcro megalítico colectivo,
de planta circular, con paralelos próximos en la zona de
Purchena y, en general en la cuenca baja del Almanzora,
donde abundan, en elevado porcentaje, los primitivos sepulcros
megalíticos con cámara de planta circular y sin corredor,
correspondientes a la fase II de Siret, con una cronología
presumible de la segunda mitad del III milenio a.C., en
un momento precampaniforme. Atendiendo también a las formas
de los vasos, se observan ciertos paralelismos culturales
con la zona de Mojácar y en algún caso con la necrópolis
de los Millares en su fase inicial. Algún paralelo remoto
se vislumbra en los materiales de los ajuares de los enterramientos
en silo del S.W. como en Campo Real. Estas formas evolucionan
y penetran a través de Baza y junto con los dólmenes hacia
el río de Gor, Fonenelas, Moreda y Laborcillas, donde persisten
como arcaísmos, dentro ya del bronce II hispano o Argar
y, por otra parte, penetran hacia el río de Orce donde aparecen
las formas de la figs. 68 y 69 en un momento posterior,
ya campaniforme (estrato II del Cerro de la Virgen) y la
de la fig. 76 en un horizonte ya del final del bronce II,
a fines del II milenio a.C. (estrato III-B del Cerro de
la Virgen).
Indudablemente el enterramiento de la Ermita de Cela no
estuvo aislado, tratándose más bien de un campo de dólmenes
que desaparecieron, cubiertos por los aluviones de la Sierra
de Lúcar o destrozados por la roturación ya, quizás en época
prerromana en función de la huerta de Cela."
El grupo de investigación Ulises
de la Universidad de Almería hace nuevas aportaciones referentes
a los monumentos megalíticos de esta comarca publicadas en el
Anuario Arqueológico de Andalucía, 1994. Constatan que de los
monumentos conocidos por el trabajo de los Leisner sólo quedan
restos con un alto grado de destrucción en el Llano de los Turuletes.
Además, documentan las tumbas de La Ruina (2ª mitad del
V milenio), El Plantonal (principios del IV milenio)
y La Mancoba, así como la que se encuentra al pie de
la Muela del Ajo que, aunque muy destruída, presenta
suficientes evidencias como para poder relacionarla con las
de Purchena.
Localización
de los yacimientos 

| |
NEOLÍTICO
|
COBRE
|
BRONCE
|
SIN DETERMINAR
|
| ALCÓNTAR |
- Los Pajarillos (25)
- Cerrá de Alcóntar II
(29)
-
|
- Los Pajarillos (25)
- Los Peñas (23)
- Los Checas (26)
- Los Berros (27)
|
- Los Domenes (28)
- Cerrá de Alcóntar I
(29)
- Los Blánquez del Saúco
(22)
|
Los
Tres Morales (24)
Cerrá de Alcóntar III (29) |
| ARMUÑA |
Tumba
del Ajo (30) |
|
Muela
del Ajo (31) |
Muela
del Ajo (31)
Muela del Tío Félix (32)
Muela del Pozo (33) |
| BACARES |
|
Las
Morcillas (57) |
|
Peñón
del Frailecillo (71) |
| BAYARQUE |
- La Cerrá IV
- Cerro de la Alamedilla
|
- El Calvario
- Cerro de la Alamedilla
- Cerro del Almirez (34)
|
- El Calvario
|
|
| LÚCAR |
- Cortijo del Maestro
(43)
|
- Cortijo del Maestro
(43)
- Los Postericos (36)
- Piedra Bermeja (35)
- Los Chaparros
- Cortijo Jurado (42)
- Cortijada de las Alquerías
(44)
- Rambla de Escuchagramos
(46)
|
- Cueva de la Almaceta
(38)
- Poveda (39)
- Cortijo del Rito (37)
- Rambla de Lúcar (41)
|
- Cortijo Cabrera (40)
- Rambla Somontín (45)
|
| PURCHENA |
- Las Churuletas (2)
- Rambla Salada II (4)
- Llano de los Turuletes
(5)
- El Plantonal (3)
- Barranco del Infierno
(1)
- La Ruína (6)
- La Mancoba (7)
-
-
-
-
-
-
-
-
-
- Cerro Urraca I -
(Oria) (17)
- Cerro Urraca II -
(Oria) (16)
|
- Churuletas (2)
- Rambla Salada II (4)
- Llano de los Turuletes
(5)
- Loma del Plantonal (3)
- Barranco del Infierno
(1)
- Llano de las Churuletas-Rambla
Salada
- Llano de la Lámpara
- Apeadero de Purchena-Llanos
del Jautón
Loma de la Atalaya (8)
- Loma de Jocalla
- Barranco de Jocalla
I
- Buena Arena
- Campana I
- Llano de la Atalaya
- Cortijo Onegas
- La Campana II (20)
- Cerrillo de la Cruz
(11)
- Cerrico del Castillico
- (Oria) (12)
- Cortijo del Aguador
- (Oria) (13)
- Cueva del Niño -
(Oria) (14)
- Cerro Urraca I -
(Oria) (17)
- Cerro Urraca II -
(Oria) (16)
- Cerro de la Balsa -
(Oria) (15)
|
- Alcazaba de Purchena-Castillo
|
- Cortijo Farruca (10)
- Cerro de la Cueva del
Campillo (18)
- Rambla Salada I (9)
|
| SERÓN |
- Barranco Escomite (47)
- Cortijo Serval (48)
- Los Cortijillos (49)
-
|
- Barranco Escomite
- Cortijo Serval
- Los Cortijillos (49)
- Cueva de la Sarna (50)
- Cueva del Collado del
Conde (51)
- Cortijo de la Sacristía
(52)
- Cuesta de la Sacristía
(53)
- Molino de la Jauca (54)
- Los Pedregales de la
Jauca Alta (55)
- Cueva de la Morciguilla
- Los Vergara (56)
|
- Tumba del Puntal de
Los Lerenzos (58)
- Loma Atravesada - (3297)
(59)
- El Castellón de Angosto
(60)
- Barranco Los Chopillos
(61)
- Cueva de la Sarna (50)
- Cueva del Collado del
Conde (51)
- Barranco de las Herrerías
(62)
- El Angosto
- Barranco Bolonor (63)
- El Saltador (64)
|
- Jórvila (65)
- Los Sapos (66)
- Los Donatos (67)
- Cerro de la Torre (68)
- Cerro de la Cruz (69)
- Cortijo Picota (70)
- Las Canatas (72)
|
| SIERRO |
-
|
-
|
-
|
-
|
| SOMONTÍN |
-
|
- Fuente del Pino I (73)
|
-
|
- Fuente del Pino II (74)
- Los Carrillos (75)
|
| SUFLÍ |
- El Libertao
|
- El Libertao
|
-
|
-
|
| TÍJOLA |
-
-
|
- Los Ruchos
- Ermita de Cela
|
- La Cerrá I (76)
- La Muela del Ajo
(31)
|
- Los Prados (77)
- La Muela del Ajo (31)
- La Muela del Tío Félix
(32)
- El Servalico-Algaida
(78)
|
| URRÁCAL |
- El Faz (79)
|
- Loma Blanca
|
-
|
- La Loba (80)
|
Poblados
Ibéricos (S. VII - III a. C.) 
Durante el periodo conocido como
Hierro, último de la Edad de los Metales, conviven en
Andalucía dos importantes pueblos: tartésicos en el oeste
e íberos en el este. Éstos se influían mutuamente a la vez
que mantenían contactos con fenicios y púnicos (colonias en los
S. VIII a VI a.C.) y que comerciaban con los griegos.
El mundo ibérico fue el resultado
final de un largo proceso, en el que, al menos, actúan dos series
de elementos: la relativa al sustrato autóctono y la relativa
al impacto colonizador. Lo ibérico o turdetano (bastetanos,
en Baza, oretanos, en Oria...,) se superpone en la Andalucía oriental
a lo argárico.
Se organizaban en comunidades
independientes, con jefezuelos que cifraban su poder,
a menudo efímero, en poner bajo su dominio al mayor número posible
de poblaciones que continuamente cambiaban de dueño.
Fenicios y griegos, que habían alcanzado
en aquellos momentos un desarrollo mucho mayor que los pueblos
de la Península, necesitaban materias primas (metales fundamentalmente)
para la elaboración de los productos que les exigía su nivel material
de civilización. Para ello establecieron factorías o colonias
situadas en las regiones mineras o en lugares desde los que se
pudiera controlar el comercio. Los fenicios tuvieron más éxito
en colocar sus factorías en las regiones mineras que los griegos.
A través de los fenicios algunos pueblos de occidente establecen
un determinado contacto no sólo con ciertos elementos técnicos
(uso del hierro, el torno o la escritura),
sino con otras formas sociales de organización que aumentarán
y potenciarán las diferencias ya existentes.
En nuestra comarca, los yacimientos
de poblamiento ibérico se hacen más abundantes conforme el
valle se va abriendo. Ello está relacionado con el aumento
de tierras fértiles, hecho muy importante para poblaciones que
basaban su economía en las tareas agrícolas.
El patrón de asentamiento responde
a lomas de suave pendiente y muelas junto al valle o en las
márgenes de las ramblas, con abundantes recursos hídricos y fácil
accesibilidad a las tierras de cultivo y a otros recursos del
entorno (pesca, caza, recolección, minería).
Los yacimientos ibéricos hasta ahora
documentados son los siguientes:
* En Serón: Cortijo Clemente (1), Las Canatas
(2)
* En Bayarque: Cerro del Almirez
(3)
* En Tíjola: Muela del Ajo (4),
Los Prados (5), Cortijo del Prado (6), El Diente
de la Tejera (7), La Cerrá (8), Muela del Tío Félix
(9)
* En Armuña: Muela del Ajo (4),
Muela del Tío Félix (9), Muela del Pozo (10)
* En Somontín: Los Carrillos (11).
* En Urrácal: La Loba (12),
El Faz (13)
* Además de los citados, aparecen
dos yacimientos en la base de datos ARQUEOS que, si bien corresponden
al HIERRO II, no se pone de manifiesto su adscripción ibérica:
Onegas, en Purchena, y la Loma del Servalico, en
Tíjola.
El estudio de estos yacimientos
reviste gran importancia para el conocimiento del poblamiento
ibérico, ya que sobre esta época en el extremo suroriental
de la Península hay una gran vacío en la investigación por ser
muy pocos los yacimientos conocidos. Sin embargo, la destrucción
total o parcial de muchos de ellos por la roturación
de tierras para el cultivo, por la acción de "piteros"
(coleccionistas o traficantes de materiales arqueológicos que
buscan sus piezas con detectores de metales), por el desconocimiento
de particulares y, sobre todo, por la ignorancia
que la Administración manifiesta reiteradamente hacia nuestra
comarca, ha mermado ya mucho la capacidad de estos asentamientos
de ofrecer información y, de no poner medios, la llegará a anular
totalmente.
En Los Carrillos se han registrado
elementos constructivos y restos de estructuras (restos de adobe
y piedras recortadas de gran y mediano tamaño), que forman muros
perimetrales conservados en la primera terraza y las laderas E.,
W. y S. Además, han aparecido fragmentos de cerámica pintada y
común: cuencos, jarritas, vasijas de gran tamaño...
Entre estos yacimientos, el que más
destaca es el de la Muela del Ajo, en los términos municipales
de Armuña y Tíjola, con 7 Ha. de extensión. Pellicer y
Acosta describieron este yacimiento en un trabajo realizado en
1964, publicado 10 años más tarde, como un asentamiento púnico.
Sin embargo, en la 2ª campaña de prospección arqueológica superficial
del proyecto Alto Almanzora, llevada a cabo por la Universidad
de Almería en el año 1994, se considera que se trata de un ópidum
ibérico. El ópidum es un núcleo urbano que acopiaba recursos
de otros poblados de menor tamaño y dependientes formalmente del
núcleo central.
PELLICER Y ACOSTA:
Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle del Almanzora
(Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de Salamanca, 1974.
Pag. 161
"Se trata
de un gran cerro testigo en la plataforma de erosión formada
en la alta terraza del Almanzora, estando constituido por
un estrato de conglomerado en la cima y por otros arcillosos
inferiores. Aunque el yacimiento era ya conocido por las prospecciones
de D. Emilio Ruiz Mateo, creemos presentarlo por vez primera
en la bibliografía arqueológica.
Está situado a unos 1.800 m. al N.-N.E. de Tíjola, entre la
Rambla de Cela al N. y el río Almanzora al S. El cerro se
presenta aislado en forma de una gran meseta de contorno irregular
con unos ejes de unos 500 m N. W. - S. E., por 300 m. S. W.
- N. E., con fuerte inclinación en las pendientes y elevándose
unos 65 m. sobre la Rambla de Cela y unos 705 m. sobre el
nivel del mar.
En nuestra prospección no hemos observado ninguna estratigrafía
clara, aunque muy bien pudiera haberla. Tampoco hemos podido
determinar la potencia del relleno.
En realidad, las dimensiones del yacimiento y la naturaleza
de sus materiales corresponden a un gran núcleo púnico industrial
y comercial, tipo emporio, originado en función de la riqueza
minera de la zona (Cueva de la Paloma con cobre y las Menas
-Serón- con hierro) y agrícola (aluviones fértiles y agua
de la fuente de Cela, a mediados del I milenio a.C., perdurando
al menos tres siglos hasta un momento anterior a la romanización
de la zona. Virtualmente toda la superficie del yacimiento,
de unos 100.000 m.2 está repleta de fragmentos
cerámicos, predominando las ánforas púnicas con formas arcaicas
y los grandes vasos de la misma tradición. Abundan las escorias
de hierro, plomo y cobre. Lamentablemente toda la superficie
del yacimiento acaba de ser roturada con tractor y puesta
en regadío, con lo que puede considerarse para la arqueología
definitivamente perdido."
VARIOS: Anuario
Arqueológico de Andalucía 1994, Junta de Andalucía, Consejería
de Cultura. Pag. 11
"Este yacimiento,
publicado por Pellicer y Acosta, quienes le adjudicaron una
adscripción púnica que no puede seguir manteniéndose, presenta
la ocupación ibérica más antigua y más extensa documentada
hasta el momento. Los restos de cultura material son cerámica
a torno pintada y común ibérica, escasos fragmentos a mano
y algunos de cerámica ática de figuras rojas datados en el
siglo IV a.C.
Se encuentra situado en una de las zonas más fértiles del
valle y más aptas para el cultivo por su configuración topográfica,
llanura aluvial, y por sus recursos hídricos (cursos fluviales
de la Rambla de Cela y río Almanzora y fuente de Cela). Por
otro lado, domina la vía de comunicación natural entre el
asentamiento fenicio-púnico de Villaricos, en la desembocadura
del Almanzora, y los oppida ibéricos del interior, como Basti
y Tutugi.
También se han hallado escorias de hierro, plomo y cobre,
que permiten suponer la explotación de los recursos mineros
del entorno inmediato de la Sierra de los Filabres.
Todo ello parece indicar que nos encontramos ante un oppidum
ibérico que posiblemente actuaría como centro rector del poblamiento
ibérico coetáneo, pero no podemos precisar más su papel en
la ordenación del territorio."
Para
saber más

ENLACES:
BIBLIOGRAFÍA
- VARIOS: Proyecto
Alto Almanzora. Anuario Arqueológico de Andalucía
1993, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.
- VARIOS: Proyecto
Alto Almanzora. Anuario Arqueológico de Andalucía
1994, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.
- PELLICER Y
ACOSTA: Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle
del Almanzora (Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de
Salamanca, 1974.
- VARIOS: Talleres de Cultura
Andaluza: Andalucía en la Antigüedad. Taller
nº 7. Junta de Andalucía. Consejería de Educación y Ciencia.1985.
- FERRE BUENO, E.: El Valle
del Almanzora. Exma. Diputación Provincial, Caja Rural
Provincial, Monte de Piedad y Caja de Ahorros. Almería,
1979.
- VARIOS: Enciclopedia de
Almería (Tomo III). Ed. Andalucía. Granada, 1983.
- ALONSO MILLÁN, J.: Una
Tierra Abierta. Materiales para una historia ecológica
de España. Compañía literaria. Madrid, 1995