Prehistoria  
 


La Prehistoria


Introducción

Conocemos con el nombre de Prehistoria una larga etapa en la cual el poder de transformación que el hombre ejerce sobre el medio ambiente no ha llegado aún a generarle la necesidad de la escritura. Es por tanto el factor económico el que marca el paso de la Prehistoria a la Historia.

La Prehistoria se divide a grandes rasgos en tres etapas: Paleolítico, Neolítico y Edad de Los Metales. Estas divisiones, más que referencias temporales (sus fechas variarán según al lugar al que nos refiramos), son indicativas de diferentes formas de relación hombre-medio: éstas evolucionarán desde sociedades que no intervienen en el proceso de producción, sólo cazan o recolectan lo que el medio les ofrece (Paleolítico), hacia formas incipientes del control de esos medios, iniciándose la agricultura y la ganadería (Neolítico), hasta lo que se ha denominado Revolución agrícola y urbana a causa del conocimiento y dominio de los metales y sus aplicaciones a las tareas del campo (Edad de los Metales). El proceso implica una continua complejidad social que sienta las bases de la actual sociedad.

 

Periodo Cronología Homo
Sociedades cazadoras y recolectoras Paleolítico Inferior 1.000.000 - 100.000 a.C. Erectus
Medio 100.000 - 35.000 a.C. Neanderthal
Superior 35.000 - 6.000 a.C. Sapiens -Sapiens

 

 

Revolución agrícola y urbana
Cultura almeriense: megalitos
Millares
Vaso campaniforme: Purchena
El Argar
Neolítico VI - IV milenio a.C.
Cobre o Calcolítico final IV mil. - III mil. a.C.
Bronce 2.000 - 700 a.C.
Poblamiento Ibérico
La Muela del Ajo
Hierro 700 - 218 a.C.

Sociedades cazadoras, recolectoras y carroñeras: el Paleolítico

Durante el Paleolítico la economía del hombre era depredadora. Ello iba frecuentemente acompañado del nomadismo (asentamientos no estables en cuevas o en chozas) y de determinadas industrias que respondían a sus necesidades en esa relación con el medio: industria lítica (hachas, lanzas, puntas de flecha, raspadores...) que le permitía cazar, pescar, quitar la piel a sus presas o descuartizarlas; cestería, necesaria para la recolección de vegetales; industria del hueso (agujas, punzones...) que le proporcionaba útiles para coser las pieles de animales con que se vestían o fabricar adornos para su cuerpo. Los grupos humanos son reducidos y organizados en clanes: los jefes serán los individuos más prestigiosos por sus conocimientos o habilidades para desenvolverse en el medio que habitan.

Respecto al poblamiento en nuestra comarca de esta época poco sabemos.

En la base de datos ARQUEOS, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la cueva de La Almaceta aparece como yacimiento paleolítico y del bronce y está catalogada como BIC (Bien de Interés Cultural).

El Grupo de Investigación "Ulises" de la Universidad de Almería, en el año 93, visita los yacimientos antes mencionados y, sólo encuentran registros arqueológicos correspondientes a épocas posteriores. Sin embargo, sí encuentran, aunque sin contexto preciso, algún hallazgo que indicaría la existencia de poblamiento paleolítico.

Tendremos que esperar hasta nuevos estudios para poder conocer mejor qué pasaba durante el Paleolítico en el Alto Almanzora. Sin embargo, podemos intuir cómo vivían los primeros pobladores de nuestra comarca por los estudios realizados en yacimientos próximos a ella.

El medio y el modo de relacionarse con él no fueron homogéneos a lo largo del Paleoítico.

Respecto al Paleolítico Inferior, desde hace un millón de años hasta hace unos 100.000, los yacimientos de Cúllar Baza I, de 750.000 años de antigüedad, o el de la Solana del Zamborino, al norte de Guadix y más reciente, ilustran como pudo ser la vida del Homo Erectus en un medio muy similar y muy próximo al que nos ocupa. Las excavaciones parecen confirmar que la obtención de carne de grandes animales procedía más de una actividad carroñera que cazadora. Este sistema pondría en entredicho la tradicional imagen del hombre paleolítico en continuo nomadismo. Parece ser que esta forma de ocupación del espacio convivió con otra de asentamientos estables o semiestables, basados en el control de territorios donde se recolectan vegetales, se practica la caza de pequeños animales y se compite con hienas y buitres en el aprovechamiento de los restos dejados por los grandes carnívoros. El paisaje que conocieron los habitantes de Cúllar Baza I debía ser el apropiado para una estrategia oportunista y carroñera: las bellotas del encinar se completaban con la caza de crías de conejos, la recogida de huevos y pollos y la adecuada localización de ciervos, caballos y bóvidos recientemente muertos.

La caza cooperativa de grandes mamíferos no llegó probablemente a ser dominada hasta hace unos 100.000 años por el hombre de Neanderthal, durante el Paleolítico Medio. Este cambio pudo estar inducido por los cambios climáticos iniciados hace 200.000 años. Si bien las glaciaciones no cubrieron de hielo el suelo de la Península Ibérica (sólo en sus zonas más elevadas), la sustitución cíclica del bosque mediterráneo por otro menos abundante en frutos como pinares y abetales, impulsó la puesta en práctica de pautas cada vez más basadas en la caza de grandes animales (lo que implica la puesta en juego de información a largo plazo en un extenso territorio). Todo ello fue acompañado de un poderío tecnológico (armas para cazar) y un uso intensivo y controlado del fuego. Es muy probable que los neanderthales dominaran una técnica de crucial importancia: la conservación de alimentos por ahumado, desecación o por almacenamiento en tierra helada.

Hace unos 35.000 años se produjeron profundos cambios en la economía de los cazadores-recolectores reflejados en una mayor variedad de armas de caza y de utensilios domésticos realizados, además, con mucha menos materia prima. Es el principio del Paleolítico Superior y del Homo Sapiens-Sapiens. A partir de este momento, se produce un notable incremento de la densidad de población y un creciente procesamiento de la información.


Sociedades productoras: Neolítico, Cobre y Bronce

La Revolución Agrícola y Urbana 

Gradualmente el hombre aprende a cultivar los campos y a domesticar a los animales: aparece la agricultura y la ganadería. Se trata de la Revolución Agrícola y Urbana, probablemente el cambio económico y social más importante en la vida del hombre. Fue un lento proceso que se fue preparando a lo largo del Neolítico y que tuvo su plasmación definitiva a lo largo del III milenio a. C., en la Edad del Cobre, por la introducción de un nuevo elemento tecnológico: el metal aplicado al instrumental agrícola.

Un cambio tan profundo debió estar causado por una interacción de cambios climáticos, aportaciones culturales y agotamiento de ciertos recursos clave. Hace unos 10.000 años se cierra, por ahora, el ciclo de las glaciaciones. Se produjo una "brusca" elevación de las temperaturas que permitió estrategias cada vez más basadas en la seguridad y la predecibilidad: cada época tenía su propia cosecha.El hombre pasó de basar su alimentación en la recolección y la caza de una amplia variedad de especies a la creación de ecosistemas mucho más simplificados, basados en unas pocas especies animales y vegetales, centrados en parcelas bien delimitadas de terreno que precisaban de considerables cantidades de trabajo.

El desarrollo de la agricultura y de la ganadería fomentó el sedentarismo, construyéndose los primeros poblados estables.

Al mismo tiempo, se desarrollaba la división del trabajo. Mientras unos talan bosques con sus hachas de piedra para luego sembrar y cultivar, otros construyen viviendas, o hacen vasijas de cerámica o utensilios varios, o defienden el poblado de animales salvajes o de los guerreros de otros poblados.

Las industrias se diversifican para responder a las nuevas necesidades: con piedra se fabrican hoces, azadas, molinos..., en las vasijas de cerámica se almacenan líquidos y grano, se inventa el torno de alfarero, la rueda, el telar....

Con la naciente industria se desarrolla el intercambio de los productos, es decir, el comercio.

Al aumentar la producción y existir excedentes (producción que sobra después de consumir la necesaria), algunos comenzaron a apropiárselos, con lo que apareció la propiedad privada. Nacen así las clases sociales, base de la sociedad actual.

La necesidad de regular los trabajos agrícolas y de proteger a las comunidades exigió el nacimiento del poder político, al haber unas personas encargadas de la administración y otras de las tareas militares.

Por otro lado, el culto a los muertos y a las fuerzas de la naturaleza propició la aparición de personas encargadas de esas actividades, los sacerdotes, que eran también sanadores y brujos.

Al ser la alimentación más variada y segura aumentará la población. Como se ha encontrado el modo de producir el sustento, los poblados crecerán. Por primera vez se ponen en práctica técnicas de explotación de recursos que rozan peligrosamente la capacidad de soporte de los ecosistemas. Este nuevo modo de vida provocó frecuentemente la aparición de puntos de degradación de los bosques en el entorno de los yacimientos.

El proceso iniciado en el Neolítico continúa y se amplía en la Edad de los Metales: se marcarán más las desigualdades sociales dentro de los mismos poblados; surgirá la división entre pueblos ricos, conocedores de las nuevas tecnologías, y pobres; las redes comerciales se ampliarán y se intensificarán, al igual que los poderes político, militar y religioso.

En esta época, en definitiva, se asientan las bases del mundo actual.


La relación con el medio: el control del agua y la degradación de los bosques

En España, el Levante, las montañas del sureste y el valle del Guadalquivir fueron las primeras áreas que desarrollaron el modelo de producción del neolítico.

El sudeste de la península Ibérica es una zona catalogada como desértica. Los primeros agricultores se enfrentaron a una región de relieve abrupto y lluvia muy escasa, pero supieron crear un modelo de intensificación de éxito notable, que además proporciona una pauta para entender los procesos de largo plazo que han conducido al actual paisaje de la llamada Iberia seca.

A lo largo de los nueve milenios anteriores a la era cristiana, el clima en el sudeste fluctuó entre períodos más secos y otros más húmedos. La respuesta a esta aleatoriedad fue el surgimiento de incipientes sistemas de regadío. El del Cerro de la Virgen, entre la Hoya de Baza y la Sierra de Segura, es uno de los primeros testimonios de canalización de aguas en la península Ibérica. La lucha contra la escasez de agua disponible para pastos y cultivos es un tema central en el sistema de producción agraria en España, y uno de los ejes principales de su devenir histórico.

Durante las fases húmedas, la población crecía sobre un sistema de campos ampliamente distribuidos dedicados a los cereales de secano. Durante las fases secas, la población se concentraba en las áreas regables, que eran las que proporcionaban altos rendimientos relativamente a salvo de la irregularidad de la lluvia, complementados con los bajos rendimientos de campos de secano cada vez más extensos, situados en las peores tierras de mayor pendiente. La ganadería aprovechaba el tercer tipo de espacio: el monte, especialmente ralo en estas comarcas y terriblemente fácil de alterar y destruir por la presión ganadera.

A lo largo de cuatro milenios, la tendencia de estas oscilaciones climáticas fue hacia un aumento de la aridez. Las respuestas culturales a la misma se acentuaron acompasadamente.

El sistema requería, y requiere todavía hoy, un manejo y control estrecho del agua. La búsqueda de la seguridad basada en el regadío implicó la aparición de un nuevo elemento de riesgo: las catástrofes en forma de avenidas, inundaciones y torrentes de barro que asolan periódicamente los fértiles sectores de regadío y sus poblaciones anejas.

La aparición de los metales añade un nuevo elemento más de degradación de nuestro paisaje. Los yacimientos de cobre se explotaban mediante zanjas excavadas en la dura roca mediante picos de piedra, y el metal se separaba de la ganga en rudimentarios hornos de leña. El cobre era una materia prima de la mayor importancia en la antigüedad, y su principal inconveniente, la blandura, se solucionó pronto mediante su aleación con estaño para producir el duro y resistente bronce. El manejo de los metales implica un proceso minero e industrial que requiere cantidades considerables de energía. La mayor parte de la energía procesada provenía de la leña, que se quemaba en grandes cantidades, no sólo para calentar los hogares y cocinar, sino también para incipientes procesos industriales, como la fundición de metal y la fabricación de cerámica

Hacia el 1.200 a.C. se sustituyó la azada por el arado (un hombre con una azada puede remover algo más de la centésima parte de una hectárea, a una profundidad de unos 15 cm., en una jornada, lo que sopone unos 20 metros cúbicos de tierra removida; en el mismo tiempo, dos mulas enganchadas a un arado pueden trabajar casi media hectárea a mayor profundidad, removiendo 800 metros cúbicos). La utilización del metal y del ganado de tiro provocó la sustitución de la agricultura de pequeñas parcelas mediante azadas por la imagen del labrador, roturando anchas extensiones de tierra tras su arado y sus bueyes.


El patrón de asentamiento

Los yacimientos neolíticos hasta ahora documentados de las comunidades agrícolas y ganaderas de la comarca parecen responder a 3 pautas diferentes de asentamientos:

  1. Ladera norte de la Sierra de los Filabres: pequeñas aldeas formadas por estructuras poco sólidas construidas con entramados vegetales y barro. Se sitúan siguiendo la red hidrográfica, junto a pequeñas vegas, o en zonas más altas desde donde tienen mayor visibilidad. Probablemente, en estas aldeas se viviese de la explotación de esas pequeñas vegas y de los pastos y otros recursos de alta montaña. Según esto, podría ser que se tratasen de pueblos de montaña permanentes o bien, de ocupaciones estacionales entre la montaña y los asentamientos del valle.
  2. Asentamientos situados en el valle, en la confluencia de las ramblas con el Río Almanzora: son de mayor tamaño y utilizan la piedra como material de construcción. En ellos aparecen las primeras construcciones relacionadas con enterramientos. Se sitúan en mesetas de escasa altura junto a suelos fértiles.
  3. Vertiente Sur de la Sierra de las Estancias: mayor número de pequeños asentamientos ubicados en lugares con control visual junto con otros de mayor tamaño y escasos en número situados en zonas más llanas.

A lo largo del II milenio a.C. se produce una reorganización de los asentamientos caracterizada por una mayor distancia entre los núcleos y la homogeneidad y nuclearización del poblamiento, así como la frecuentación de cuevas que podrían estar relacionadas con el pastoreo. En el valle se abandonan las mesetas inmediatas al río, salvo algún caso aislado; en las sierras los asentamientos se localizan en lugares de difícil acceso, sobre todo en la de los Filabres, mas escarpada que la de las Estancias. El uso de la piedra se generaliza.


Los primeros enterramientos

Las primeras estructuras de enterramientos se localizan en una zona del valle en la que se da una concentración de yacimientos entre Rambla Salada y la Rambla de Somontín, en los términos municipales de Purchena, Urrácal y Somontín. Se localizan sobre mesetas limitadas por ramblas, a una altura de 30 m. sobre las mismas, y muy cercanas a su desembocadura en el río principal.

Se les conoce con el nombre de "grupo de Purchena" y arrancan muchos de ellos desde el Neolítico prolongándose hasta el Cobre. Hay que enmarcarlos dentro de lo que se ha llamado "Cultura de Almería", caracterizada por cerámicas lisas (que en algunos puntos imita los recipientes de cuero), hachas pulimentadas, útiles de sílex y cobre e ídolos bitriangulares ("mujeres almerienses"). Los enterramientos, por su parte, eran circulares y de tipo colectivo. La cultura almeriense llegaría a fundirse con las culturas propias de la Edad de los Metales: Los Millares, el Vaso campaniforme y El Argar.

Los Leisner fueron los primeros en documentarlos en su libro Die Megalithgräber der Iberischen Halbinsel (Berlín, 1943). Ellos citan como monumentos megalíticos los siguientes:
En la zona de Purchena- Urrácal - Somontín, los del Llano de los Turuletes, Llano de la Lámpara, Jocalla, Buena Arena, Loma del Fas, Loma Blanca, la Atalaya y Llano del Jautón.
En Tíjola, un ídolo procedente de un sepulcro megalítico.
En Serón, el Marchal.

A esta lista hay que añadir el sepulcro megalítico de la Ermita de Cela documentado por Pellicer y Acosta:

PELLICER Y ACOSTA: Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle del Almanzora (Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de Salamanca, 1974. pp. 167-168.

"Tenemos que los diez vasos y tres azuelas de la Ermita de Cela corresponden a parte del ajuar funerario de un sepulcro megalítico colectivo, de planta circular, con paralelos próximos en la zona de Purchena y, en general en la cuenca baja del Almanzora, donde abundan, en elevado porcentaje, los primitivos sepulcros megalíticos con cámara de planta circular y sin corredor, correspondientes a la fase II de Siret, con una cronología presumible de la segunda mitad del III milenio a.C., en un momento precampaniforme. Atendiendo también a las formas de los vasos, se observan ciertos paralelismos culturales con la zona de Mojácar y en algún caso con la necrópolis de los Millares en su fase inicial. Algún paralelo remoto se vislumbra en los materiales de los ajuares de los enterramientos en silo del S.W. como en Campo Real. Estas formas evolucionan y penetran a través de Baza y junto con los dólmenes hacia el río de Gor, Fonenelas, Moreda y Laborcillas, donde persisten como arcaísmos, dentro ya del bronce II hispano o Argar y, por otra parte, penetran hacia el río de Orce donde aparecen las formas de la figs. 68 y 69 en un momento posterior, ya campaniforme (estrato II del Cerro de la Virgen) y la de la fig. 76 en un horizonte ya del final del bronce II, a fines del II milenio a.C. (estrato III-B del Cerro de la Virgen).
Indudablemente el enterramiento de la Ermita de Cela no estuvo aislado, tratándose más bien de un campo de dólmenes que desaparecieron, cubiertos por los aluviones de la Sierra de Lúcar o destrozados por la roturación ya, quizás en época prerromana en función de la huerta de Cela."

El grupo de investigación Ulises de la Universidad de Almería hace nuevas aportaciones referentes a los monumentos megalíticos de esta comarca publicadas en el Anuario Arqueológico de Andalucía, 1994. Constatan que de los monumentos conocidos por el trabajo de los Leisner sólo quedan restos con un alto grado de destrucción en el Llano de los Turuletes. Además, documentan las tumbas de La Ruina (2ª mitad del V milenio), El Plantonal (principios del IV milenio) y La Mancoba, así como la que se encuentra al pie de la Muela del Ajo que, aunque muy destruída, presenta suficientes evidencias como para poder relacionarla con las de Purchena.

Localización de los yacimientos

Revol.jpg

 

NEOLÍTICO

COBRE

BRONCE

SIN DETERMINAR

ALCÓNTAR
Los Pajarillos (25)
Cerrá de Alcóntar II (29)
 
Los Pajarillos (25)
Los Peñas (23)
Los Checas (26)
Los Berros (27)
Los Domenes (28)
Cerrá de Alcóntar I (29)
Los Blánquez del Saúco (22)
Los Tres Morales (24)
Cerrá de Alcóntar III (29)
ARMUÑA Tumba del Ajo (30)   Muela del Ajo (31) Muela del Ajo (31)
Muela del Tío Félix (32)
Muela del Pozo (33)
BACARES   Las Morcillas (57)   Peñón del Frailecillo (71)
BAYARQUE
La Cerrá IV
Cerro de la Alamedilla
El Calvario
Cerro de la Alamedilla
Cerro del Almirez (34)
El Calvario
 
LÚCAR
Cortijo del Maestro (43)
Cortijo del Maestro (43)
Los Postericos (36)
Piedra Bermeja (35)
Los Chaparros
Cortijo Jurado (42)
Cortijada de las Alquerías (44)
Rambla de Escuchagramos (46)
Cueva de la Almaceta (38)
Poveda (39)
Cortijo del Rito (37)
Rambla de Lúcar (41)
Cortijo Cabrera (40)
Rambla Somontín (45)
PURCHENA
Las Churuletas (2)
Rambla Salada II (4)
Llano de los Turuletes (5)
El Plantonal (3)
Barranco del Infierno (1)
La Ruína (6)
La Mancoba (7)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cerro Urraca I - (Oria) (17)
Cerro Urraca II - (Oria) (16)
Churuletas (2)
Rambla Salada II (4)
Llano de los Turuletes (5)
Loma del Plantonal (3)
Barranco del Infierno (1)
Llano de las Churuletas-Rambla Salada
Llano de la Lámpara
Apeadero de Purchena-Llanos del Jautón
Loma de la Atalaya (8)
Loma de Jocalla
Barranco de Jocalla I
Buena Arena
Campana I
Llano de la Atalaya
Cortijo Onegas
La Campana II (20)
Cerrillo de la Cruz (11)
Cerrico del Castillico - (Oria) (12)
Cortijo del Aguador - (Oria) (13)
Cueva del Niño - (Oria) (14)
Cerro Urraca I - (Oria) (17)
Cerro Urraca II - (Oria) (16)
Cerro de la Balsa - (Oria) (15)
Alcazaba de Purchena-Castillo
Cortijo Farruca (10)
Cerro de la Cueva del Campillo (18)
Rambla Salada I (9)
SERÓN
Barranco Escomite (47)
Cortijo Serval (48)
Los Cortijillos (49)
 
Barranco Escomite
Cortijo Serval
Los Cortijillos (49)
Cueva de la Sarna (50)
Cueva del Collado del Conde (51)
Cortijo de la Sacristía (52)
Cuesta de la Sacristía (53)
Molino de la Jauca (54)
Los Pedregales de la Jauca Alta (55)
Cueva de la Morciguilla
Los Vergara (56)
Tumba del Puntal de Los Lerenzos (58)
Loma Atravesada - (3297) (59)
El Castellón de Angosto (60)
Barranco Los Chopillos (61)
Cueva de la Sarna (50)
Cueva del Collado del Conde (51)
Barranco de las Herrerías (62)
El Angosto
Barranco Bolonor (63)
El Saltador (64)
Jórvila (65)
Los Sapos (66)
Los Donatos (67)
Cerro de la Torre (68)
Cerro de la Cruz (69)
Cortijo Picota (70)
Las Canatas (72)
SIERRO
 
 
 
 
SOMONTÍN
 
Fuente del Pino I (73)
 
Fuente del Pino II (74)
Los Carrillos (75)
SUFLÍ
El Libertao
El Libertao
 
 
TÍJOLA
 
 
Los Ruchos
Ermita de Cela
La Cerrá I (76)
La Muela del Ajo (31)
Los Prados (77)
La Muela del Ajo (31)
La Muela del Tío Félix (32)
El Servalico-Algaida (78)
URRÁCAL
El Faz (79)
Loma Blanca
 
La Loba (80)

 

Poblados Ibéricos (S. VII - III a. C.)

Durante el periodo conocido como Hierro, último de la Edad de los Metales, conviven en Andalucía dos importantes pueblos: tartésicos en el oeste e íberos en el este. Éstos se influían mutuamente a la vez que mantenían contactos con fenicios y púnicos (colonias en los S. VIII a VI a.C.) y que comerciaban con los griegos.

El mundo ibérico fue el resultado final de un largo proceso, en el que, al menos, actúan dos series de elementos: la relativa al sustrato autóctono y la relativa al impacto colonizador. Lo ibérico o turdetano (bastetanos, en Baza, oretanos, en Oria...,) se superpone en la Andalucía oriental a lo argárico.

Se organizaban en comunidades independientes, con jefezuelos que cifraban su poder, a menudo efímero, en poner bajo su dominio al mayor número posible de poblaciones que continuamente cambiaban de dueño.

Fenicios y griegos, que habían alcanzado en aquellos momentos un desarrollo mucho mayor que los pueblos de la Península, necesitaban materias primas (metales fundamentalmente) para la elaboración de los productos que les exigía su nivel material de civilización. Para ello establecieron factorías o colonias situadas en las regiones mineras o en lugares desde los que se pudiera controlar el comercio. Los fenicios tuvieron más éxito en colocar sus factorías en las regiones mineras que los griegos. A través de los fenicios algunos pueblos de occidente establecen un determinado contacto no sólo con ciertos elementos técnicos (uso del hierro, el torno o la escritura), sino con otras formas sociales de organización que aumentarán y potenciarán las diferencias ya existentes.

En nuestra comarca, los yacimientos de poblamiento ibérico se hacen más abundantes conforme el valle se va abriendo. Ello está relacionado con el aumento de tierras fértiles, hecho muy importante para poblaciones que basaban su economía en las tareas agrícolas.

El patrón de asentamiento responde a lomas de suave pendiente y muelas junto al valle o en las márgenes de las ramblas, con abundantes recursos hídricos y fácil accesibilidad a las tierras de cultivo y a otros recursos del entorno (pesca, caza, recolección, minería).

Los yacimientos ibéricos hasta ahora documentados son los siguientes:

miberos2.jpg (74697 bytes)* En Serón: Cortijo Clemente (1), Las Canatas (2)

* En Bayarque: Cerro del Almirez (3)

* En Tíjola: Muela del Ajo (4), Los Prados (5), Cortijo del Prado (6), El Diente de la Tejera (7), La Cerrá (8), Muela del Tío Félix (9)

* En Armuña: Muela del Ajo (4), Muela del Tío Félix (9), Muela del Pozo (10)

* En Somontín: Los Carrillos (11).

* En Urrácal: La Loba (12), El Faz (13)

* Además de los citados, aparecen dos yacimientos en la base de datos ARQUEOS que, si bien corresponden al HIERRO II, no se pone de manifiesto su adscripción ibérica: Onegas, en Purchena, y la Loma del Servalico, en Tíjola.

El estudio de estos yacimientos reviste gran importancia para el conocimiento del poblamiento ibérico, ya que sobre esta época en el extremo suroriental de la Península hay una gran vacío en la investigación por ser muy pocos los yacimientos conocidos. Sin embargo, la destrucción total o parcial de muchos de ellos por la roturación de tierras para el cultivo, por la acción de "piteros" (coleccionistas o traficantes de materiales arqueológicos que buscan sus piezas con detectores de metales), por el desconocimiento de particulares y, sobre todo, por la ignorancia que la Administración manifiesta reiteradamente hacia nuestra comarca, ha mermado ya mucho la capacidad de estos asentamientos de ofrecer información y, de no poner medios, la llegará a anular totalmente.

En Los Carrillos se han registrado elementos constructivos y restos de estructuras (restos de adobe y piedras recortadas de gran y mediano tamaño), que forman muros perimetrales conservados en la primera terraza y las laderas E., W. y S. Además, han aparecido fragmentos de cerámica pintada y común: cuencos, jarritas, vasijas de gran tamaño...

Entre estos yacimientos, el que más destaca es el de la Muela del Ajo, en los términos municipales de Armuña y Tíjola, con 7 Ha. de extensión. Pellicer y Acosta describieron este yacimiento en un trabajo realizado en 1964, publicado 10 años más tarde, como un asentamiento púnico. Sin embargo, en la 2ª campaña de prospección arqueológica superficial del proyecto Alto Almanzora, llevada a cabo por la Universidad de Almería en el año 1994, se considera que se trata de un ópidum ibérico. El ópidum es un núcleo urbano que acopiaba recursos de otros poblados de menor tamaño y dependientes formalmente del núcleo central.

PELLICER Y ACOSTA: Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle del Almanzora (Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de Salamanca, 1974. Pag. 161

"Se trata de un gran cerro testigo en la plataforma de erosión formada en la alta terraza del Almanzora, estando constituido por un estrato de conglomerado en la cima y por otros arcillosos inferiores. Aunque el yacimiento era ya conocido por las prospecciones de D. Emilio Ruiz Mateo, creemos presentarlo por vez primera en la bibliografía arqueológica.
Está situado a unos 1.800 m. al N.-N.E. de Tíjola, entre la Rambla de Cela al N. y el río Almanzora al S. El cerro se presenta aislado en forma de una gran meseta de contorno irregular con unos ejes de unos 500 m N. W. - S. E., por 300 m. S. W. - N. E., con fuerte inclinación en las pendientes y elevándose unos 65 m. sobre la Rambla de Cela y unos 705 m. sobre el nivel del mar.
En nuestra prospección no hemos observado ninguna estratigrafía clara, aunque muy bien pudiera haberla. Tampoco hemos podido determinar la potencia del relleno.
En realidad, las dimensiones del yacimiento y la naturaleza de sus materiales corresponden a un gran núcleo púnico industrial y comercial, tipo emporio, originado en función de la riqueza minera de la zona (Cueva de la Paloma con cobre y las Menas -Serón- con hierro) y agrícola (aluviones fértiles y agua de la fuente de Cela, a mediados del I milenio a.C., perdurando al menos tres siglos hasta un momento anterior a la romanización de la zona. Virtualmente toda la superficie del yacimiento, de unos 100.000 m.2 está repleta de fragmentos cerámicos, predominando las ánforas púnicas con formas arcaicas y los grandes vasos de la misma tradición. Abundan las escorias de hierro, plomo y cobre. Lamentablemente toda la superficie del yacimiento acaba de ser roturada con tractor y puesta en regadío, con lo que puede considerarse para la arqueología definitivamente perdido."

VARIOS: Anuario Arqueológico de Andalucía 1994, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura. Pag. 11

"Este yacimiento, publicado por Pellicer y Acosta, quienes le adjudicaron una adscripción púnica que no puede seguir manteniéndose, presenta la ocupación ibérica más antigua y más extensa documentada hasta el momento. Los restos de cultura material son cerámica a torno pintada y común ibérica, escasos fragmentos a mano y algunos de cerámica ática de figuras rojas datados en el siglo IV a.C.
Se encuentra situado en una de las zonas más fértiles del valle y más aptas para el cultivo por su configuración topográfica, llanura aluvial, y por sus recursos hídricos (cursos fluviales de la Rambla de Cela y río Almanzora y fuente de Cela). Por otro lado, domina la vía de comunicación natural entre el asentamiento fenicio-púnico de Villaricos, en la desembocadura del Almanzora, y los oppida ibéricos del interior, como Basti y Tutugi.
También se han hallado escorias de hierro, plomo y cobre, que permiten suponer la explotación de los recursos mineros del entorno inmediato de la Sierra de los Filabres.
Todo ello parece indicar que nos encontramos ante un oppidum ibérico que posiblemente actuaría como centro rector del poblamiento ibérico coetáneo, pero no podemos precisar más su papel en la ordenación del territorio."

Para saber más

ENLACES:

 

BIBLIOGRAFÍA

  • VARIOS: Proyecto Alto Almanzora. Anuario Arqueológico de Andalucía 1993, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.
  • VARIOS: Proyecto Alto Almanzora. Anuario Arqueológico de Andalucía 1994, Junta de Andalucía, Consejería de Cultura.
  • PELLICER Y ACOSTA: Prospecciones Arqueológicas en el Alto Valle del Almanzora (Almería), ZEPHYRUS XXV, Universidad de Salamanca, 1974.
  • VARIOS: Talleres de Cultura Andaluza: Andalucía en la Antigüedad. Taller nº 7. Junta de Andalucía. Consejería de Educación y Ciencia.1985.
  • FERRE BUENO, E.: El Valle del Almanzora. Exma. Diputación Provincial, Caja Rural Provincial, Monte de Piedad y Caja de Ahorros. Almería, 1979.
  • VARIOS: Enciclopedia de Almería (Tomo III). Ed. Andalucía. Granada, 1983.
  • ALONSO MILLÁN, J.: Una Tierra Abierta. Materiales para una historia ecológica de España. Compañía literaria. Madrid, 1995